"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento" José Martí

miércoles, 21 de junio de 2017

Trump y su morralla miamense


 Bueno, después de la visita que hiciera a Miami, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump --más conocido como el hijo de Putín que vive en La Casa Blanca--, los anti cubanos de la ciudad están que no caben en ellos mismos. Cualquiera diría que han tomado Santiago de Cuba y que avanzan hacia La Habana para tomar el poder en La Plaza de la Revolución. En realidad, todo este show que se ha formado alrededor de la visita y el grotesco discurso pronunciado por Donald, el hijo de Putín, si no fuera que paraliza en cierta medida los avances de la política de acercamiento entre las dos naciones, si no fuera por eso, es para morirse de risa. La euforia de la morralla miamense no tiene ningún basamento. Trump vino a Miami y creó una cortina de humo, detrás de la cual creó mucho ruido, pero con pocas nueces.

Las más importantes medidas que había tomado el Presidente Barack Obama en relación con Cuba se quedaron tal y como estaban. La Embajada se queda en donde estaba, los cubanoamericanos pueden seguir viajando cada vez que quieran a Cuba, pueden seguir mandando las remesas que quieran a sus familiares, pueden traer el ron y los tabacos que deseen, las doce categorías para que los norteamericanos puedan viajar a la isla siguen vigentes, los vuelos regulares y los cruceros seguirán yendo y viniendo, Cuba queda fuera de la lista de los países que apoyan al terrorismo, la compañía que renta habitaciones, Airbnb, lo seguirá haciendo, nada, que el hijo de Putín creó una tremenda fanfarria para, en realidad, hacer muy poco. ¿Que las compañías norteamericanas no pueden hacer negocios con las compañías cubanas administradas por los militares cubanos? Solamente dos de ellas lo estaban haciendo, administrando dos o tres hoteles en La Habana, pero incluso, estas pueden mantenerse allí hasta que se venza el contrato que tienen. No hay ninguna corporación norteamericana grande invirtiendo capital en Cuba y no lo hay, sencillamente, porque el criminal embargo que este país le tiene impuesto a Cuba no se lo permite. Las prohibiciones financieras entre Cuba y los Estados Unidos siguen como estaban.

Cuba podrá seguir, como hasta ahora lo ha hecho, comprando productos agrícolas en este país, aunque, por supuesto, que teniendo que pagar por adelantado las compras, lo cual dificulta y limita las exportaciones. Si el gobierno de los Estados Unidos permitiera que sus productores le pudieran dar crédito bancario a los cubanos, las exportaciones se triplicarían. Esta política perjudica a Cuba porque tiene que importar de lugares más lejanos, pero también perjudica a los agricultores norteamericanos que ven limitadas sus ventas a un mercado tan cercano.

El otro paso que dio Mr. Trump va contra su propio pueblo y contra la emergente empresa privada de la isla. Hace pocos meses, el Presidente Obama había eliminado que los ciudadanos norteamericanos tuvieran que pedir permiso para visitar Cuba dentro de las 12 categorías aprobadas, ahora pueden seguir viajando dentro de esas doce categorías, pero tienen que pedir un permiso especial para poder hacerlo. Eso limita, hasta cierto punto, los viajes. Hay que recordar que Cuba es el único país del mundo al que los ciudadanos norteamericanos tienen prohibido viajar libremente y recordar también que, posiblemente, sea el país más seguro para viajar sin temor. Los llamados cuentapropistas cubanos verán menguadas sus entradas de dinero al reducirse la cantidad de viajeros de este país. Esto es una tremenda contradicción, ya que, por un lado, dicen querer que se incremente la empresa privada y por otro, le limitan sus entradas de dinero.

Así es que Trump vino a Miami a complacer con retórica agresiva y arcaica contra Cuba a la morralla miamense, morralla que es parte integral de la cesta de deplorables que lo apoya en el resto de los Estados Unidos. Eso que hizo en Miami lo ha estado haciendo en el resto del país. Trump, bien aconsejado por su alter ego y consejero principal, Mr. Steve Banon, sabe que cuenta con el apoyo irrestricto de más o menos un sólido treinta por ciento de la población y hacia ella va dirigida su retórica. No le importa lo que piense la mayoría del pueblo norteamericano, lo que le importa es su base política que lo sigue ciegamente.

La morralla miamense no ha tomado Santiago de Cuba como dije al principio de este comentario, pero el hijo de Putín, que por ahora vive en La Casa Blanca, se lo ha hecho creer. Qué despierten de ese sueño, porque seguirán viviendo y muriendo en Miami, bien lejos de la realidad cubana.

*Lázaro Fariñas, periodista cubano residente en EE.UU.

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